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Cuento - El Cascanueces

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En la casa de Clara, todos se preparaban para celebrar la Nochebuena. Un aroma de jengibre, chocolate y menta flotaba en el aire. Los padres de Clara darían una fiesta, y su hermanito Fritz estaba decorando el árbol de Navidad. Clara esperaba con impaciencia a una persona muy especial, que traería muchos regalos: su padrino, el tío Drosselmeyer, que era un fabricante de juguetes.

Observó el reloj y se sentó a esperar...

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Un invitado esperaba en la entrada  -¡Tío Drosselmeyer! -gritó Clara - ¡Había traído regalos para los niños! Clara abrió un gran paquete y encontró cuatro muñecos muy bonitos. Cuando los puso en el piso, comenzaron a bailar.

Pero el tío Drosselmeyer tenía otro regalo más para ella...

El regalo era un cascanueces de madera tallada con la forma de un soldadito.

Encantada, Clara colocó una almendra entre sus dientes.¡Crac! La almendra se partió por la mitad - ¡Déjame probar! - gritó Fritz, y empujó una nuez dentro del cascanueces.

¡CRAC! El cascanueces se rompió.

-¡Fritz! -exclamó Clara.

-No te preocupes -dijo el tío Drosselmeyer- lo arreglaré.

- Y ahora, vayan a dormir.

Clara no podía dormir. Estaba preocupada por su cascanueces, que había quedado solo en la sala. Bajó las escaleras y pasó cerca del reloj, de los ratones que vivían en la bohardilla y del árbol de Navidad.

Justo cuando el reloj dío medianoche, llegó hasta donde estaba el cascanueces.

De pronto, los juguetes comenzaron a crecer. ¡ Y también lo hicieron los ratones! ¡Comenzó una batalla! El cascanueces lideraba a los soldaditos de juguete, pero los ratones eran  más fuertes. Entonces, Clara se sacó una pantufla y se la arrojó al rey Ratón, que cayó fulminado.

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¡Y el cascanueces se convirtió en un príncipe! - ¡Clara! Cuando mataste al rey Ratón, me liberaste de un conjuro - le explicó- ¿Cómo podré agradecerte? ¿Me acompañarás a mi reino?

Clara aceptó, y justo en ese momento, apareció el tío Drosselmeyer con un trineo tirado por renos. Atravesaron el bosque nevado hasta que llegaron al País de los Dulces...

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Clara cruzó los grandes portones del castillo hasta llegar a un magnífico salón donde había un trono. Luego se sentó para ver el maravilloso espectáculo que había organizado el príncipe.

Se bailó una danza española en honor al chocolate. Después vino un baile árabe para festejar el café. Le siguieron una marcha china en homenaje al té y una danza rusa que interpretaron los bastones de caramelo.

Clara se preguntó qué sucedería a continuación.

Cuatro bailarinas de mazapán se acercaron al escenario, listas para dar sus hábiles pasos de ballet. Y entonces comenzaron a bailar la Danza de las flautas. La música era tan delicada y alegre que Clara no pudo evitar unirse a ellas. Bailó en puntas de pie girando y saltando con felicidad, mientras las bailarinas la acompañaban con sus instrumentos.

Cuando Clara pensaba que la noche no podía ser mejor, unas flores de azúcar comenzaron a bailar un hermoso vals. Las flores se balanceaban con el ritmo encantador del arpa. Clara trató de contar cuántas eran, pero se perdió cuando entraron más y más flores al escenario, girando con entusiasmo.

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La última en actuar fue el Hada de Azúcar. Se habla quedado a cargo del País de los Dulces mientras el príncipe había estado ausente.

¡Estaba feliz de verlo de regreso! 

En muestra de agradecimiento a Clara por romper el conjuro, interpretó una preciosa danza, bailando con más ligereza que el aire. Clara aplaudió al ver al hada girar y girar como si estuviera sobre una caja de música.

Cuando el espectáculo terminó, Clara tuvo que regresar a su casa. El príncipe y Clara volvieron a subir al mágico trineo tirado por renos que conducía el tío Drosselmeyer.

Las primeras luces de amanecer anunciaron la llegada de la Navidad, y todos despidieron a los visitantes.

-Quisiera que esta aventura no tuviera final - suspiró Clara.

A la mañana siguiente, despertó debajo del árbol de Navidad. En sus brazos, tenía el cascanueces que había recibido de regalo. Pero ya no era tan solo un juguete...

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El Cascanueces- Rocío Montoya Pereyra

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